26/02/2024

Sin rastro: 18 estudios cuestionan las fosas comunes de las escuelas residenciales de Canadá

El supuesto hallazgo de una fosa común de niños indígenas en la escuela residencial de Kamloops desató una ola de odio anticatólico en Canadá que aún perdura, a pesar de que hace tiempo que se sabe que es un bulo. O lo es, al menos, mientras no se halle algún cadáver o prueba de su existencia. Y, por el momento, no las hay.

Un nuevo libro lo pone en evidencia, y con ese motivo Anna Farrow plantea el estado de la cuestión en un reciente artículo en el Catholic Herald:

El 27 de mayo de 2021, la jefa Rosanne Casimir, de la Primera Nación Tk’emlúps te Secwépemc, anunció que la tecnología de radar de penetración terrestre (GPR, por sus siglas en inglés) había localizado los restos de 215 niños en los terrenos del antiguo internado indio de Kamloops, situado en la Columbia Británica (Canadá). La noticia fue rápidamente aceptada y lamentada públicamente por todas las personalidades e instituciones de la sociedad. El 28 de mayo, The New York Times publicó el siguiente titular: «Horrible historia: denuncian una fosa común de niños indígenas en Canadá».

Se desata el odio

Tres días después de la conferencia de prensa, el primer ministro Justin Trudeau emitió una disculpa por aquellos «cuyas vidas fueron arrebatadas» en Kamloops. Ordenó que las banderas canadienses ondearan a media asta y permanecieran arriadas durante casi seis meses, izándose unos días antes del 11 de noviembre, para volver a arriarse el Día del Recuerdo.

El Papa Francisco habló del «espantoso descubrimiento de los restos de 215 niños» en su discurso del Ángelus del 6 de junio.

Siguiendo el ejemplo del Papa, las comunidades eclesiásticas reaccionaron rápidamente. En las semanas siguientes, muchas congregaciones colocaron 215 pares de zapatos de niño en sus escalinatas de entrada.

Entre las banderas a media asta y los zapatitos, Canadá se cubrió aquel verano de un manto de dolor que se extendía de punta a punta.

El dolor se convirtió rápidamente en ira. Se produjo una oleada de incendios de iglesias y actos vandálicos. La violencia continúa hoy en día. Según el medio de comunicación True North, unas 96 iglesias han sido quemadas, dañadas o profanadas en los últimos dos años y medio. En diciembre, dos iglesias de Alberta ardieron hasta los cimientos. Trudeau señaló que, aunque quemar iglesias estaba mal, la ira era «real y… totalmente comprensible, dada la vergonzosa historia de la que todos somos cada vez más conscientes».

Ubicación y relación completa de las iglesias atacadas en Canadá tras el bulo de las tumbas.

Sin embargo, parece que la marea alta de la culpabilidad colectiva ha empezado por fin a retirarse. Y esta retirada ha dejado atrás los detritos de lo que algunos dicen ahora que fue un «pánico moral«.

Sin pruebas

El cambio gradual en el sentimiento público se debe en parte a la ausencia de cadáveres.

Hasta la fecha no se ha llevado a cabo ninguna excavación en Kamloops, a pesar de que el gobierno federal destinó 7,9 millones de dólares canadienses a esta tarea en agosto de 2021.

Desde el principio, los medios de comunicación y la opinión pública malinterpretaron en gran medida los hallazgos del GPR citados en Kamloops. Sarah Beaulieu, la experta en GPR en cuyo trabajo se basaron las reclamaciones de la Primera Nación de Kamloops, aclararía más tarde que la tecnología no proporciona imágenes de rayos X de ataúdes o cuerpos, sino que se limita a mostrar alteraciones del terreno. Más tarde se revelaría que el huerto estudiado era el emplazamiento de un campo séptico instalado en 1924. Se observa que las baldosas se habrían colocado a la profundidad de las alteraciones detectadas en el sondeo por georradar. No está claro si Beaulieu estaba al corriente de estas modificaciones cuando inspeccionó la zona.

En los lugares donde se han realizado excavaciones no se han descubierto cadáveres. En la Primera Nación de Pine Creek, en Manitoba, se excavaron 14 yacimientos en el sótano de la iglesia católica de Nuestra Señora de los Siete Dolores durante cuatro semanas en el verano de 2023. El jefe Derek Nepinak anunció el 18 de agosto de 2023 que, a pesar de las «anomalías» detectadas inicialmente por la misma tecnología GPR utilizada en Kamloops, no se habían encontrado restos humanos.

El anuncio de Pine Creek hizo que se utilizara la palabra «engaño» en la prensa internacional.

«No me gusta utilizar la palabra engaño porque es demasiado fuerte, pero también circulan demasiadas falsedades sobre este asunto sin pruebas«, declaró Jacques Rouillard al New York Post.

Rouillard, catedrático emérito del Departamento de Historia de la Universidad de Montreal, es uno de los muchos investigadores, juristas y periodistas que iniciaron un minucioso trabajo para contrarrestar la versión predominante.

La investigadora Nina Green recopiló y publicó miles de documentos en el sitio web Indian Residential School Records. El periodista Terry Glavin escribió un artículo para el National Post un año después del anuncio de Kamloops en el que, sin desdeñar «los brutales abusos sexuales, emocionales y psicológicos infligidos a los internos de las instituciones», dejaba claro que «el año pasado no se descubrió ni una sola fosa común en Canadá«.

Dieciocho ensayos sobre el bulo

En el recién publicado libro El error de las tumbas. Cómo nos engañaron los medios (y la verdad sobre las escuelas residenciales, C.P. Champion y Tom Flanagan han reunido 18 ensayos de quienes dieron un paso al frente, a menudo con gran coste para su reputación profesional, para aportar claridad a las afirmaciones de Kamloops y a las cuestiones más amplias de los internados y las acusaciones de niños desaparecidos o de genocidio físico.

‘El error de las tumbas’: un libro en torno al bulo mediático sobre las tumbas y la verdad sobre las escuelas residenciales de Canadá. El título juega con el doble sentido de la palabra ‘grave’ en inglés: ‘grave’ y ‘tumba’. Por lo cual también podría traducirse como ‘Grave error’.

En su prólogo, el autor, Champion, y el antiguo profesor de la Universidad de Calgary, Flanagan, subrayan que, aunque los colaboradores no hablan con una voz unánime, «todos los autores de esta colección coinciden en el punto principal: que nadie ha ofrecido todavía pruebas convincentes de la existencia de tumbas sin nombre, niños desaparecidos, asesinatos o genocidio en los internados».

Como sugiere el título, el libro examina no solo las denuncias de fosas comunes de niños desaparecidos de las escuelas, sino también la aceptación de los medios de comunicación que, en gran parte, impulsó el pánico social.

¿Por qué los medios de comunicación internacionales, los políticos y, de hecho, los católicos canadienses cayeron tan rendidos ante una historia que ahora se compara con el «pánico satánico» de los años 80 y 90?

Jonathan Kay, editor canadiense de Quillette, en un ensayo publicado originalmente en este portal, escribe: «Yo fui uno de los muchos canadienses que inicialmente se dejaron arrastrar por todo esto, en gran parte porque parecía que todos los medios de comunicación hablaban con una sola voz, incluidos periodistas que conocía y respetaba desde hacía muchos años».

Medios que saben que es mentira hablan como si fuese verdad

Lamentablemente, a pesar de las investigaciones ampliamente disponibles a las que hacen referencia los autores de Grave error, los periodistas siguen redactando sus informaciones en un lenguaje que recuerda al del verano de 2021.

El 10 de enero de 2024, la Canadian Broadcasting Corporation (CBC) finalmente dirigió su atención a las docenas de iglesias canadienses que han sido «incendiadas y quemadas» y a las docenas más que han sido objeto de vandalismo desde el verano de 2021.

El día que se emitió el reportaje, David Mulroney, ex embajador de Canadá en la República Popular China y ex presidente de la Universidad de Toronto St. Michael’s College, publicó el artículo en X/Twitter, señalando que, aunque la cobertura de la quema de iglesias era necesaria desde hacía tiempo, era un ejemplo de «periodismo al estilo de la CBC«.

Cuando se le preguntó a Mulroney por qué le preocupaba el tenor del reportaje, respondió que «el enfoque adoptado por el periodista era a la vez familiar y decepcionante«.

«Aunque nos enteramos de algunos detalles sobre lo que parece una investigación policial poco entusiasta, también se nos dice que un ‘investigador y algunos líderes comunitarios sugieren que la historia colonial de Canadá y los recientes descubrimientos de posibles enterramientos en antiguos internados pueden haber encendido la mecha‘».

El contundente alegato de Pablo Muñoz Iturrieta, argentino que ha desarrollado su carrera académica en Canadá, sobre las supuestas fosas indígenas.

Pero como Glavin, Champion, Flanagan, Rouillard, Green y otros que desafían la historia de las «fosas comunes» están revelando, lo que Canadá ha experimentado desde mayo de 2021 es menos una mecha que una fusión de oportunismo político, periodismo sensacionalista y vago, animadversión anticatólica y la difusión de falsedades ahora probadas para explotar las vidas de niños inocentes, vivos y muertos.

Traducido por Verbum Caro.

PUBLICADO ANTES EN «RELIGIÓN EN LIBERTAD»